Cuando termina el verano en Cerdeña, el mistral transforma la costa: entre el mar que se retira y las huellas del turismo de masas, emerge un frágil ecosistema playero, suspendido entre la tierra y el agua.
Cada año en Cerdeña, el verano se desvanece con el fuerte viento Mistral y las primeras lluvias de septiembre y octubre. Con él desaparecen los quioscos, las sombrillas, las tumbonas, las canoas, las tablas de surf, los protectores solares, las barcas y las sillas de playa. El mar sube, se agita, el aire se enfría, las sillas de plástico se amontonan en los quioscos de madera justo detrás de las playas y se retiran las mesas de exterior. Este año no es diferente. Investigadores y voluntarios intentan recomponer los fragmentos dispersos por el creciente turismo de masas. El mar intenta recuperar lo que le pertenece, durante el breve tiempo que se lo permitimos. Todo se vuelve más íntimo, privado y acogedor.
